Dónde nace la intuición: neurocientíficos identifican el mecanismo cerebral de los «momentos eureka»

Un vistazo basta para que el cerebro reorganice lo que ve y lo entienda de repente. Un nuevo estudio revela dónde se origina ese chispazo mental y cómo se activan los «momentos eureka» en cuestión de milisegundos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una bombilla encendida simboliza el instante en que el cerebro reorganiza la información y surge la comprensión súbita: un estudio ha identificado en la corteza visual de alto nivel el origen de los momentos eureka

Una bombilla encendida simboliza el instante en que el cerebro reorganiza la información y surge la comprensión súbita: un estudio ha identificado en la corteza visual de alto nivel el origen de los momentos eureka, capaces de transformar la percepción en milisegundos tras una sola experiencia. Foto de Rohan Makhecha en Unsplash‍ ‍

Neurocientíficos descubren el mecanismo cerebral detrás de los momentos eureka

Hay momentos en los que el cerebro parece adelantarse al pensamiento consciente. Una figura confusa se vuelve de pronto evidente; un problema que parecía irresoluble se aclara en un instante.

Son los llamados destellos de intuición o momentos eureka o ¡Ajá!: saltos súbitos de comprensión que han fascinado a psicólogos y neurocientíficos durante décadas. Ahora, un estudio internacional, coordinado por Eric K. Oermann y Biyu J. Heha, del Departamento de Neurociencia de la NYU Langone Health (Estados Unidos), logrado identificar por primera vez el mecanismo cerebral que permite ese aprendizaje casi instantáneo.

El hallazgo no solo arroja luz sobre cómo se producen esas revelaciones súbitas, sino que también redefine la relación entre memoria, percepción e inteligencia artificial (IA). Según detalla el trabajo, publicado en Nature Communications, los destellos de intuición no dependen principalmente del hipocampo —la región clásica de la memoria—, sino de zonas visuales de alto nivel que almacenan conocimientos perceptivos listos para activarse en cualquier momento y en cuestión de milisegundos.

🗣️ «Nuestro trabajo sacó a la luz no solo dónde se almacenan los antecedentes, sino también los cálculos cerebrales que intervienen», afirma el coautor principal del estudio, Biyu J. He, doctor y profesor de los Departamentos de Neurología, Neurociencia y Radiología de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York.

Qué son los destellos de intuición y por qué interesan a la neurociencia

Los seres humanos poseemos una capacidad sorprendente: aprender algo de forma duradera tras una sola experiencia. En psicología este don se conoce como aprendizaje perceptivo de una sola vez (one-shot perceptual learning). Un ejemplo clásico es la famosa imagen del perro dálmata: al verla por primera vez parece un conjunto caótico de manchas; una vez que alguien señala al animal, la figura se vuelve obvia para siempre.

Ese cambio no es simplemente recordar la imagen: altera la forma en que el cerebro procesa la información visual. Tras un solo vistazo revelador, el sistema perceptivo se reorganiza y reconoce el estímulo de manera inmediata incluso meses después. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro dónde ni cómo se produce esa transformación neuronal para que ocurra el fenómeno eureka.

La visión dominante en neurociencia había sido que el aprendizaje rápido depende del hipocampo y de estructuras relacionadas con la memoria episódica. Pero investigaciones recientes han mostrado algo desconcertante: personas con lesiones en el hipocampo seguían siendo capaces de experimentar este tipo de aprendizaje perceptivo súbito. Eso obligaba a buscar el mecanismo en otra parte del cerebro.

Cómo investigaron los científicos el origen cerebral de la intuición

Para resolver el enigma, un equipo de investigadores de Estados Unidos combinó tres enfoques poco habituales en un mismo estudio: experimentos de percepción, neuroimagen de alta resolución y registros intracraneales directos en pacientes. También diseñaron un modelo de inteligencia artificial capaz de reproducir el fenómeno.

En primer lugar, estudiaron cómo se forma ese conocimiento perceptivo. Mostraron a voluntarios imágenes degradadas —las llamadas imágenes de Mooney—, difíciles de reconocer al principio. Después les enseñaban la versión clara de la imagen. Tras esa única exposición, la mayoría de los participantes podía identificar de inmediato la versión degradada cuando volvía a aparecer.

El equipo manipuló las imágenes originales de diversas formas para averiguar qué tipo de información se almacenaba en el cerebro. Cambiaron tamaño, orientación, posición e incluso el tipo de representación. Los resultados revelaron que el conocimiento adquirido no era puramente conceptual —no bastaba con saber que se trataba de un gato—, sino profundamente perceptivo. Dependía de rasgos visuales específicos que permitían reorganizar la interpretación de la imagen.

Curiosamente, el aprendizaje era robusto frente a cambios de tamaño, pero se degradaba con rotaciones o desplazamientos espaciales. Ese patrón coincidía con las propiedades de una región concreta del cerebro: la corteza visual de alto nivel, donde se integran formas complejas y se construyen representaciones visuales relativamente invariantes.

La neurocientífica Biyu J. He (derecha) y el neurocirujano Eric K. Oermann, del NYU Langone, han descubierto el

La neurocientífica Biyu J. He (derecha) y el neurocirujano Eric K. Oermann, del NYU Langone, cuyos trabajos han permitido identificar no solo dónde se almacenan los conocimientos previos en el cerebro, sino también los procesos neuronales que hacen posibles los momentos eureka» Crédito: NYU Langone.

La región del cerebro donde se producen los «momentos ¡Ajá!»

La corteza visual de alto nivel como centro de la intuición

Para confirmar la hipótesis, los científicos utilizaron resonancia magnética funcional de ultraalta resolución (7 teslas). Observaron cómo se representaban las imágenes en distintas áreas cerebrales y compararon esas representaciones con el tipo de información que parecía almacenarse durante el aprendizaje.

Solo una región mostró un patrón compatible: la corteza visual de alto nivel, especialmente áreas del lóbulo temporal implicadas en el reconocimiento de objetos. En esas zonas, la actividad neuronal reflejaba exactamente las mismas invariancias detectadas en los experimentos conductuales.

Pero aún faltaba la prueba decisiva: demostrar que esa región era la primera en activar el conocimiento adquirido cuando reaparecía la imagen ambigua.

Evidencia directa con registros intracraneales

Para ello, el equipo recurrió a registros intracraneales en pacientes con epilepsia que ya tenían electrodos implantados por motivos clínicos. Este método permite medir la actividad neuronal con una precisión temporal de milisegundos.

Cuando los pacientes veían una imagen ambigua después de haber aprendido su significado, la señal neuronal que reflejaba el conocimiento previo aparecía primero en la corteza visual de alto nivel, unos 225 milisegundos después del estímulo. Solo más tarde se propagaba a otras regiones, incluidas áreas visuales más tempranas y redes frontales.

Ese orden temporal sugiere que el conocimiento aprendido se almacena localmente en esas zonas visuales avanzadas y desde allí se envía hacia atrás para reinterpretar la información sensorial. En otras palabras, la intuición visual surge en el propio sistema perceptivo, no en un centro de memoria separado.

Un modelo de inteligencia artificial inspirado en el cerebro

El estudio dio un paso más allá: construir un modelo computacional capaz de reproducir ese aprendizaje instantáneo. Los investigadores diseñaron una red neuronal profunda —un tipo de IA inspirado en el cerebro humano que aprende a reconocer patrones en datos— con un módulo específico para almacenar información previa y usarla como retroalimentación en el procesamiento visual.

El modelo funcionaba en dos fases. Primero procesaba la imagen de forma “neutral”. Después recuperaba información almacenada previamente y la utilizaba para reinterpretar la entrada visual, mejorando el reconocimiento. Con un solo ejemplo, la red mostraba mejoras comparables a las de los participantes humanos.

Además, las representaciones internas del modelo se parecían más a la actividad cerebral registrada en la corteza visual de alto nivel que a la de otras regiones. Esto sugiere que el cerebro y la inteligencia artificial pueden compartir principios computacionales similares para el aprendizaje rápido.

Una intuición que no es memoria

Uno de los resultados más llamativos es que este tipo de aprendizaje parece independiente de la memoria episódica clásica. No se trata de recordar que vimos una imagen antes, sino de modificar la forma en que el cerebro la procesa.

Los autores proponen que el fenómeno se sitúa en un continuo entre el priming —cuando un estímulo previo facilita el reconocimiento de otro— y el aprendizaje perceptivo lento que requiere práctica. El destello de intuición sería una versión extrema: rápido de adquirir y sorprendentemente duradero.

También sugieren que el conocimiento se almacena en cambios sinápticos latentes, invisibles para la neuroimagen tradicional pero capaces de reactivarse cuando aparece el estímulo adecuado. Esa reactivación reorganiza la actividad cerebral en cuestión de cientos de milisegundos, dando lugar a la sensación subjetiva de comprensión súbita.

Implicaciones para la IA y la educación

Comprender cómo el cerebro logra aprender de una sola experiencia tiene implicaciones que van mucho más allá de explicar los momentos aha. En inteligencia artificial, por ejemplo, el aprendizaje con pocos ejemplos sigue siendo uno de los grandes desafíos. Los sistemas actuales requieren enormes cantidades de datos, mientras que los humanos pueden generalizar con rapidez.

🗣️ «Aunque la IA ha logrado grandes avances en el reconocimiento de objetos durante la última década, aún no existe ninguna herramienta capaz de aprender de una sola vez como lo hacen los seres humanos —explica Oermann. Y añade—: Ahora anticipamos el desarrollo de modelos de IA con mecanismos perceptivos similares a los humanos que clasifican nuevos objetos o aprenden nuevas tareas con pocos o ningún ejemplo de entrenamiento. Esto es una prueba más de la creciente convergencia entre la neurociencia computacional y los avances en IA».

El estudio sugiere además que la clave está en combinar conocimientos previos con retroalimentación interna que modifique la percepción. En lugar de construir nuevos conceptos desde cero, el cerebro reutiliza representaciones existentes y las ajusta con una sola exposición significativa.

Los «momentos eureka» surgen cuando el cerebro combina en milisegundos la percepción con conocimientos previos almacenados en las áreas visuales, reorganizando la información hasta transformar el ruido en significado

Lejos de ser un fenómeno misterioso, los «momentos eureka» surgen cuando el cerebro combina en milisegundos la percepción con conocimientos previos almacenados en las áreas visuales, reorganizando la información hasta transformar el ruido en significado. Crédito: IA-Gemini-RexMolón Producciones

También podría tener aplicaciones clínicas. Comprender cómo se forman y se activan estas representaciones perceptivas podría ayudar a diseñar terapias para trastornos del aprendizaje o de la percepción, así como estrategias de rehabilitación cerebral tras lesiones.

«Este estudio ha dado lugar a una teoría directamente comprobable sobre cómo actúan los antecedentes durante las alucinaciones, y ahora estamos investigando los mecanismos cerebrales relacionados en pacientes con trastornos neurológicos para descubrir qué es lo que falla», comenta He. Es importante destacar que estudios anteriores habían demostrado que los pacientes con esquizofrenia y enfermedad de Parkinson presentan un aprendizaje único anormal, de modo que los antecedentes almacenados previamente abruman lo que la persona está viendo en ese momento y generan alucinaciones.

Qué ocurre en el cerebro durante un destello de intuición

Aunque todavía quedan preguntas abiertas —por ejemplo, qué mecanismos celulares exactos almacenan ese conocimiento—, el estudio ofrece la imagen más completa hasta ahora de lo que ocurre en el cerebro durante un destello de intuición:

1️⃣ Ese conocimiento se guarda en la corteza visual de alto nivel.

2️⃣ Cuando reaparece el estímulo, la región se activa en milisegundos.

3️⃣ La información previa reorganiza la percepción.

4️⃣ Surge la sensación de comprensión súbita.

Lejos de ser un fenómeno mágico o inexplicable, el momento en que todo encaja parece surgir de un diálogo rápido entre percepción y conocimiento previo almacenado en las propias áreas visuales. En una fracción de segundo, esas regiones reorganizan la información sensorial y permiten que lo que antes era ruido se convierta en significado.

Ese instante, tan familiar y tan misterioso, podría ser en realidad una de las demostraciones más sofisticadas de la plasticidad cerebral: la capacidad de aprender algo esencial con un solo vistazo y no olvidarlo jamás.▪️(9-febrero-2026)

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