Media hora de ejercicio modifica la actividad cerebral durante las tareas cognitivas
Una caminata de apenas media hora no siempre mejora el rendimiento mental de inmediato, pero el cerebro sí siente sus efectos. El ejercicio reorganiza la actividad de las regiones que dirigen la atención y permiten cambiar con rapidez de una tarea a otra.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una sola sesión de ejercicio aeróbico puede modificar la actividad de las regiones cerebrales implicadas en la atención y el control ejecutivo, aunque sus efectos no siempre se reflejen de inmediato en el rendimiento mental. Foto de Roshan Chakkeeri en Unsplash
Los beneficios del ejercicio físico no siempre aparecen a simple vista. Una persona puede caminar durante media hora, sentarse después ante una prueba de agilidad mental y obtener prácticamente el mismo resultado que si hubiera permanecido en reposo. Sin embargo, bajo la aparente ausencia de cambios, su cerebro quizá esté trabajando de otra manera.
Una investigación realizada en Japón y Estados Unidos ha comprobado que una única sesión de ejercicio aeróbico, como caminar rápido, correr, nadar o montar en bicicleta, modifica los patrones de actividad cerebral durante una tarea que exige cambiar rápidamente de regla, aunque esa transformación no se traduzca de inmediato en mejores respuestas.
El trabajo, publicado en la revista Journal of Magnetic Resonance Imaging, aborda además un problema que ha complicado durante años este tipo de investigaciones: distinguir entre lo que provoca el ejercicio y lo que se debe simplemente a la práctica. Cuando una persona repite varias veces la misma prueba cognitiva, aprende su funcionamiento, se familiariza con las instrucciones y puede resolverla de manera más eficiente.
Si este entrenamiento involuntario no se tiene en cuenta, es fácil atribuir al ejercicio una mejoría causada en realidad —al menos parcialmente— por la práctica.
El ejercicio cambia el cerebro, aunque el resultado no se note
El equipo de investigadores, encabezado por investigadores del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón (AIST), en colaboración con el Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas, diseñó un experimento cruzado para separar ambos efectos. En el análisis final participaron 35 adultos sanos: 16 jóvenes, con una edad media de 25 años, y 19 mayores, de alrededor de 62 años. Ninguno de estos últimos presentaba deterioro cognitivo, hipertensión, diabetes ni enfermedades neurológicas o psiquiátricas diagnosticadas.
Cada voluntario acudió al laboratorio en dos días diferentes. En una de las visitas caminó durante treinta minutos en una cinta a una intensidad moderada, ajustada para alcanzar aproximadamente entre el 50 % y el 70 % de su frecuencia cardiaca máxima estimada. En la otra permaneció sentado durante media hora.
El orden de ambas condiciones se asignó al azar y cada persona actuó así como su propio control, una estrategia que permite reducir el ruido introducido por las diferencias individuales.
Las imágenes de resonancia magnética muestran las regiones con mayor activación durante el cambio de tarea en los adultos mayores frente a los jóvenes (A) y las áreas cuya actividad disminuyó al repetir la prueba en ambos grupos (B). Fuente: Asahara et al. / Journal of Magnetic Resonance Imaging (2026).
Una prueba para medir la flexibilidad cognitiva
Antes de caminar o descansar, y de nuevo unos 15 y 45 minutos después, los participantes realizaron una prueba dentro de un escáner de resonancia magnética funcional o fMRI. En total, cada voluntario completó seis registros cerebrales repartidos entre las dos visitas.
Los investigadores pudieron comparar así lo que sucedía tras el ejercicio con lo observado después del reposo y, al mismo tiempo, seguir el efecto acumulativo de repetir la prueba.
El desafío parecía sencillo, pero requería una capacidad ejecutiva esencial para la vida cotidiana: la flexibilidad cognitiva. En la pantalla aparecían círculos y cuadrados de color rojo o azul. Dependiendo de la indicación previa, el participante debía clasificar la figura por su forma o por su color, e ignorar el otro atributo.
En algunos bloques la regla se mantenía; en otros, cambiaba continuamente. Pasar de fíjate en el color a fijate en la forma obliga al cerebro a abandonar una instrucción, activar otra y evitar que ambas interfieran.
Qué mide una resonancia magnética funcional
Los científicos midieron el denominado coste de cambio: el aumento del tiempo de reacción y de los errores cuando había que alternar entre reglas, en comparación con las secuencias en las que la instrucción permanecía estable. Al mismo tiempo, la resonancia funcional registró la señal BOLD,basada en los cambios de oxigenación de la sangre que acompañan a la actividad cerebral.
Hay que decir que cuando una región trabaja con mayor intensidad, varían su consumo de oxígeno y el flujo sanguíneo local. Y esto es lo que detecta la fMRI.
Ahora bien, esta técnica no observa directamente cómo se disparan las neuronas ante un estímulo o tarea. Ofrece una medida indirecta que combina actividad neuronal y respuesta vascular, una distinción especialmente importante en un estudio sobre ejercicio, porque caminar también altera temporalmente la circulación, la ventilación y el aporte de oxígeno.
Las regiones cerebrales que conservaron su actividad
Los resultados obligan a matizar la idea, muy extendida, de que una sesión de ejercicio produce de manera automática una mejora mental inmediata. Caminar no redujo de forma significativa ni el tiempo de respuesta ni la tasa de errores frente a permanecer sentado. Los participantes no resolvieron mejor la prueba después de ejercitarse. Pero eso no significa que el cerebro permaneciera indiferente.
Tras la caminata se mantuvo la actividad de regiones implicadas en el cambio de tarea, particularmente los lóbulos parietales superiores de ambos hemisferios y la circunvolución poscentral derecha. Después de permanecer sentado, en cambio, la señal de estas áreas disminuyó a medida que se repetía la prueba.
Recordemos que las regiones parietales intervienen en la orientación de la atención y en el desplazamiento del foco entre estímulos, características perceptivas y reglas de actuación. El ejercicio pareció contrarrestar, al menos temporalmente, la pérdida de activación asociada a la repetición.
También apareció una diferencia relacionada con la edad en la corteza prefrontal dorsolateral derecha, una región decisiva para planificar, controlar la atención y alternar entre instrucciones. En los participantes mayores su actividad permaneció estable después de caminar, mientras que en los jóvenes disminuyó.
Los autores del esstudio interpretan este patrón como una posible conservación del reclutamiento neuronal en los adultos de más edad, no como una demostración de que su rendimiento hubiese mejorado.
La intensidad y el tipo de ejercicio pueden influir de distinta manera en la respuesta cerebral, una cuestión que futuras investigaciones deberán explorar más allá del ejercicio aeróbico. Foto de Jonathan Borba en Unsplash
La repetición tuvo más efecto del esperado
De hecho, uno de los hallazgos más interesantes de esta investigación no fue provocado por la cinta de correr, sino por la reiteración de la tarea. A medida que los voluntarios repetían el ejercicio mental, descendía la activación de la circunvolución frontal media izquierda, la circunvolución occipital media izquierda y una zona del cerebelo derecho.
En las personas mayores, esta reducción fue acompañada de respuestas más rápidas. Además, dentro de este grupo, una menor actividad cerebral se relacionó con un menor tiempo de reacción.
El resultado apunta a un aumento de la eficiencia neuronal: el cerebro podría necesitar la movilización de menos recursos para realizar una tarea que ya conoce. Es parecido a lo que sucede cuando alguien aprende una ruta nueva. Al principio debe vigilar cada cruce y cada señal; después puede llegar al destino con menor esfuerzo consciente. Una caída de la señal cerebral no implica necesariamente un empeoramiento. En determinadas circunstancias puede indicar que el sistema se ha vuelto más económico.
El cerebro envejecido recluta más recursos
Las diferencias entre generaciones refuerzan esa interpretación. Desde el comienzo, los voluntarios más mayores activaron más extensamente regiones frontales, parietales y temporales que los jóvenes, pese a mostrar un rendimiento algo inferior en algunas medidas.
Este fenómeno encaja con la teoría del andamiaje del cerebro envejecido: ante la pérdida de eficiencia de ciertos circuitos, las personas mayores reclutarían áreas adicionales para sostener el desempeño. La práctica podría ayudarles a depurar ese despliegue y a utilizar sus recursos de manera más precisa.
Los resultados del trabajo no aparecen de forma aislada. Sin ir más lejos, una revisión publicada en 2025 en el Psychological Bulletin reunió treinta revisiones sistemáticas con metaanálisis, que englobaban 383 estudios y 18.347 participantes. Su conclusión fue que una única sesión de ejercicio produce una mejora cognitiva general de magnitud pequeña o moderada. El efecto alcanzaba a la atención, la memoria, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas, y resultaba más evidente cuando la evaluación se realizaba inmediatamente después de la actividad física.
Para las funciones ejecutivas, el tamaño medio del efecto fue de 0,36: una mejoría estadísticamente apreciable, pero lejos de ser espectacular. Este dato ayuda a comprender por qué un experimento con una muestra reducida puede detectar alteraciones cerebrales sin encontrar una ventaja clara en el comportamiento.
Una segunda investigación, publicada también en 2025 en la revista Scientific Reports, analizó conjuntamente veinte estudios de neuroimagen con 666 participantes sanos. El ejercicio se relacionó con cambios de activación en regiones frontales, el precúneo, el tálamo, la corteza cingulada y el cerebelo. En los trabajos sobre ejercicio agudo apareció especialmente implicado el precúneo, una zona de la corteza parietal que participa en la orientación de la atención y la resolución de conflictos.
La infografía resume el diseño cruzado del estudio, que permitió distinguir los cambios cerebrales provocados por el ejercicio de los asociados a la repetición de la tarea. Elaboración de RexMolón Producciones a partir de Asahara et al. (2026).
El papel de la intensidad de esfuerzo
La coincidencia con las regiones parietales detectadas por el equipo del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón (AIST) sitúa el nuevo resultado dentro de un patrón más amplio: el ejercicio no parece activar el cerebro de manera indiscriminada, sino modular determinadas redes en función de la exigencia mental. La evidencia específica sobre flexibilidad cognitiva continúa siendo, no obstante, escasa, ya que esa parte del metaanálisis solo pudo reunir dos estudios.
La intensidad del esfuerzo añade otra pieza al rompecabezas. En un ensayo publicado en 2025 en Frontiers in Physiology, 49 adultos jóvenes fueron asignados a una sesión de estiramientos o a caminar en una cinta a intensidad baja o moderada. La actividad cortical se midió mediante espectroscopia funcional de infrarrojo cercano, una técnica que registra cambios en la oxigenación de la corteza.
El ejercicio de baja intensidad mejoró el tiempo de reacción en la prueba de Stroop y reforzó la conectividad funcional entre varias regiones parietales. En algunas medidas produjo mejores resultados que el esfuerzo moderado. No parece existir, por tanto, una relación sencilla en la que hacer más ejercicio o hacerlo con mayor intensidad garantice un beneficio cognitivo superior.
Caminata ocasional vs. Entrenamientio habitual
Los efectos también varían según la función mental evaluada. En 2024, otro ensayo publicado en Scientific Reports distribuyó a 48 adultos mayores entre una sesión de veinte minutos de bicicleta estática a intensidad moderada y un periodo equivalente de reposo. El ejercicio mejoró algunas medidas del control inhibitorio y de la memoria de trabajo espacial, pero dejó otras prácticamente intactas.
En la nueva investigación, Ryota Asahara y sus colegas analizaron una función diferente, la citada flexibilidad cognitiva, por lo que la ausencia de una mejoría conductual no contradice necesariamente esos resultados. Una misma sesión puede beneficiar determinados procesos mentales y no producir cambios detectables en otros.
Los efectos de una única caminata tampoco deben confundirse con los que puede generar el entrenamiento habitual. Un ensayo aleatorizado con 81 adultos de mediana edad y mayores, publicado en GeroScience, estudió un programa de bicicleta de intensidad muy suave, tres veces por semana durante tres meses. El entrenamiento mejoró el rendimiento ejecutivo y los indicadores de eficiencia neuronal de la corteza prefrontal, especialmente en el subgrupo de participantes de mayor edad.
Aunque se trata de una intervención distinta, el resultado refuerza la posibilidad de que el ejercicio continuado ayude al cerebro envejecido a resolver ciertas tareas utilizando sus recursos de manera más eficiente.
Qué demuestra el estudio y qué no
En conjunto, estas investigaciones dibujan una conclusión más compleja que el eslogan «el ejercicio mejora el cerebro». En concreto, la investigación que ahora aparece en la revista Journal of Magnetic Resonance Imaging indica que una sesión de ejercicio aeróbico puede modificar los procesos cerebrales asociados a una tarea ejecutiva antes de producir cambios cognitivos medibles. También demuestra que la repetición de una prueba puede tener una influencia decisiva sobre la actividad cerebral y debe controlarse en los experimentos.
Los resultados no permiten afirmar que caminar durante media hora rejuvenezca el cerebro ni que una única sesión proteja frente a la demencia. La muestra fue pequeña y estuvo formada por adultos especialmente sanos. Además, solo se estudió una modalidad de ejercicio, un intervalo concreto de intensidad y una prueba de flexibilidad cognitiva.
La intensidad se calculó mediante una estimación de la frecuencia cardiaca máxima y no con una prueba individual de esfuerzo. Factores no medidos, como la actividad física habitual o la cantidad y calidad del sueño, también pudieron influir en los resultados.
Existe otra cautela importante: la señal BOLD depende tanto de la actividad neuronal como de la circulación sanguínea. Los cambios cardiovasculares posteriores al ejercicio podrían explicar una parte de las diferencias registradas y la resonancia funcional no permite separar completamente ambos componentes.
Pese a estas limitaciones, el estudio deja una conclusión relevante: los efectos del movimiento pueden comenzar en la organización de la actividad cerebral antes de hacerse visibles en la conducta. También recuerda que repetir una tarea no es un detalle metodológico menor. La práctica enseña al cerebro, reduce el esfuerzo necesario para responder y puede ocultar —o aparentar— los beneficios que se pretenden medir.▪️(2-septiembre-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El cerebro sí acusa el ejercicio: caminar durante 30 minutos modificó la actividad cerebral durante una tarea de flexibilidad cognitiva.
- Sin mejora inmediata: los participantes no respondieron más rápido ni cometieron menos errores después de hacer ejercicio.
- Activación conservada: la caminata mantuvo activas varias regiones frontales y parietales relacionadas con la atención y el cambio de tarea.
- La práctica también transforma el cerebro: repetir la prueba redujo la actividad de determinadas áreas cerebrales.
- Mayor eficiencia neuronal: en los adultos mayores, esa menor activación se relacionó con respuestas más rápidas, lo que sugiere un uso más eficiente de los recursos cerebrales.
- La edad marca diferencias: los mayores movilizaron redes cerebrales más amplias que los jóvenes para afrontar la misma tarea.
- Un resultado prometedor, pero limitado: participaron solo 35 adultos sanos y el estudio no demuestra que una única caminata prevenga el deterioro cognitivo o la demencia.
Información facilitada por The National Institute of Advanced Industrial Science and Technology
Fuente: Ryota Asahara, Marina Fukuie, Daisuke Hoshi, Junyeon Won, Rong Zhang, Jun Sugawara, Takashi Tarumi. Effects of Acute Aerobic Exercise and Task Repetition on the Neural Correlates of Executive Function in Young and Older Adults: A Crossover fMRI Study. Journal of Magnetic Resonance Imaging (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/jmri.70329

