Por qué la memoria falla con la edad (y no solo por el alzhéimer)
Olvidar no es solo una cuestión de los efectos devastadores del alzhéimer ni un simple efecto del paso del tiempo. Un gran estudio internacional muestra que la memoria se vuelve más vulnerable a medida que el cerebro envejece de forma desigual, incluso en personas sanas, y que el deterioro empieza mucho antes de lo que creemos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un megaanálisis con más de 3.700 adultos sanos y 10.000 resonancias revela que la pérdida de memoria está ligada al envejecimiento estructural del cerebro, se acelera a partir de los sesenta años y no depende solo del riesgo genético de padecer el alzhéimer. Foto de Life Of Pix
Olvidar un nombre, una cita o dónde hemos dejado las llaves del coche es una experiencia común a partir de cierta edad. Durante décadas, la neurociencia ha intentado explicar por qué la memoria episódica, esto es, la que nos permite recordar hechos concretos de nuestra vida, se deteriora con el envejecimiento, incluso en personas sanas y sin signos de demencia.
Ahora, el mayor análisis longitudinal realizado hasta la fecha sobre este fenómeno aporta una respuesta más compleja —y más inquietante— de lo que se pensaba: la pérdida de memoria está estrechamente ligada al encogimiento progresivo del cerebro, un proceso generalizado que se acelera con la edad y que afecta incluso a adultos cognitivamente sanos, con o sin riesgo genético de padecer la enfermedad de Alzheimer u otros tipos de demencia.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, ha analizado datos de más de 3.700 personas seguidas durante años, con más de 10.000 resonancias magnéticas y 13.000 evaluaciones de memoria.
Más allá del hipocampo
No se trata de pacientes con demencia, sino de adultos sin deterioro cognitivo clínico. Su conclusión principal es clara: cuando el cerebro se reduce más de lo esperable para la edad, la memoria también se resiente. Y esta relación se vuelve cada vez más fuerte a partir de los sesenta años.
🗣️«Al integrar datos de decenas de cohortes de investigación, ahora disponemos de la imagen más detallada hasta la fecha de cómo los cambios estructurales del cerebro se desarrollan con la edad y de cómo se relacionan con la memoria», explica Álvaro Pascual-Leone, médico, científico principal del Hinda and Arthur Marcus Institute for Aging Research y director médico del Deanna and Sidney Wolk Center for Memory Health, en Estados Unidos.
Hasta ahora, muchos estudios habían señalado al hipocampo —una pequeña estructura localizada en el lóbulo temporal del cerebro y muy relacionada con los procesos de aprendizaje y memoria— como el principal culpable del olvido asociado a la edad. Pero los nuevos datos dibujan un panorama más amplio. El deterioro de la memoria no depende solo de una región cerebral concreta, sino de un sistema cerebral distribuido por el encéfalo, vulnerable a múltiples factores asociados al envejecimiento.
No todos envejecemos igual
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es que la relación entre la pérdida de volumen cerebral y el declive de la memoria no es lineal. En términos sencillos podemos decir que no todas las personas pierden memoria al mismo ritmo con el paso del tiempo, ni por las mismas razones. El estudio distingue entre quienes experimentan un encogimiento cerebral mayor de lo habitual para su edad —los llamados declinadores— y quienes mantienen relativamente bien su estructura cerebral.
En los primeros, la asociación entre pérdida de tejido cerebral y deterioro de la memoria es clara y consistente. En los segundos, esa relación apenas se detecta, al menos hasta edades avanzadas. Esto sugiere que el envejecimiento cerebral es un proceso desigual, con una gran variabilidad individual, y que solo cuando la pérdida estructural supera cierto umbral comienza a traducirse en problemas de memoria medibles.
Este resultado ayuda a explicar por qué durante años los estudios ofrecían conclusiones contradictorias: al analizar muestras pequeñas o usar modelos lineales, se diluían los efectos reales que solo aparecen con claridad en grandes poblaciones y con seguimientos prolongados.
Relación entre los cambios en el cerebro y la pérdida de memoria: el gráfico muestra cómo la reducción del tejido cerebral se asocia con un mayor deterioro de la memoria. Las líneas destacadas indican las asociaciones más sólidas y estadísticamente significativas observadas en el estudio. Cortesía: Vidal-Piñeiro, D., Sørensen, Ø., Strømstad, M. et al.
El papel de la edad: un punto de inflexión alrededor de los 60 años
Aunque el cerebro comienza a cambiar desde etapas tempranas de la vida adulta, el estudio muestra que la relación entre la atrofia cerebral y la pérdida de memoria se intensifica con el paso de los años. En la quinta década de la vida, los vínculos son débiles o inexistentes. A partir de los sesenta años, comienzan a emerger con claridad, y en personas octogenarias alcanzan una magnitud moderada.
El hipocampo es una de las primeras regiones donde esta asociación se hace visible, pero no la única. También aparecen implicadas otras estructuras cerebrales profundas, como la amígdala, el tálamo y el núcleo caudado, así como regiones corticales vinculadas a la integración sensorial y al control cognitivo. Esto refuerza la idea de que la memoria no depende de un único centro operativo, sino de redes cerebrales distribuidas por el encéfalo que se deterioran de forma conjunta.
Curiosamente, el estudio muestra que no es tanto la magnitud media del deterioro cerebral lo que explica la pérdida de memoria, sino el aumento de la variabilidad entre individuos. Con la edad, las trayectorias cerebrales se diversifican: algunos cerebros envejecen lentamente, otros mucho más rápido. Esa dispersión es la que hace que la relación entre cerebro y memoria se vuelva más visible.
¿Y qué pasa con el alzhéimer? Un riesgo que no lo explica todo
El gen APOE ε4 es el principal factor genético de riesgo conocido para el alzhéimer esporádic, que es la forma más común de la enfermedad de Alzheimer y que aparece sin una causa genética directa heredada, generalmente a partir de los 65 años. Está influido por una combinación de edad, factores genéticos de riesgo (como la citada APOE ε4), el estilo de vida y procesos biológicos del envejecimiento, no por una mutación concreta transmitida en la familia.
Pues bien, portar el alelo APOE ε4 se asocia a mayor pérdida de volumen cerebral, especialmente en el hipocampo, y a un deterioro de la memoria más acusado en edades avanzadas. Sin embargo, el estudio desmonta una idea muy extendida: tener este gen no cambia la relación entre el deterioro cerebral y la pérdida de memoria.
Es decir, los portadores de APOE ε4 tienden a perder más memoria y más volumen cerebral, pero el vínculo entre ambos procesos es el mismo que en quienes no tienen ese riesgo genético. No hay mecanismos distintos, ni una relación más fuerte entre cerebro y memoria en estos individuos.
🗣️ «El deterioro cognitivo y la pérdida de memoria no son simplemente una consecuencia del envejecimiento, sino la manifestación de predisposiciones individuales y de procesos relacionados con la edad que facilitan la aparición de procesos y enfermedades neurodegenerativas —subraya Pascual-Leone. Y añade—: Estos resultados sugieren que el deterioro de la memoria en el envejecimiento no tiene que ver solo con una región cerebral o con un único gen, sino que refleja una vulnerabilidad biológica amplia de la estructura cerebral que se acumula a lo largo de décadas».
En palabras de Dídac Vidal-Piñeiro, investigador del Departamento de Psicología en la Universidad de Oslo (Noruega) y coautor del estudio, este trabajo sugiere que, al menos en adultos cognitivamente sanos, la pérdida de memoria asociada a la edad no depende exclusivamente de procesos patológicos como el alzhéimer incipiente. Más bien, responde a mecanismos estructurales comunes del envejecimiento cerebral, que pueden verse acelerados por factores genéticos, pero no redefinidos por ellos.
Un cerebro que envejece de forma global (pero no uniforme)
Para responder a la vieja pregunta de si la pérdida de memoria se debe a un deterioro global del cerebro o a regiones específicas, Pascual-Leone y sus colegas del equipo internacional, aplicaron técnicas estadísticas avanzadas que permiten identificar patrones compartidos. Y encontraron evidencia de ambos fenómenos.
Por un lado, existe un factor general de deterioro cerebral que afecta a muchas regiones al mismo tiempo. Por otro, hay contribuciones regionales específicas que añaden información más allá de ese patrón global. El hipocampo sigue siendo el actor principal, pero no actúa solo.
Este enfoque híbrido ayuda a reconciliar teorías enfrentadas: ni todo es culpa de una única estructura, ni la memoria se degrada de forma caótica. El envejecimiento cerebral parece un proceso sistémico, donde distintas regiones contribuyen de forma desigual a un mismo resultado funcional.
Imágenes de resonancia magnética de la amígdala humana, una de las estructuras cerebrales que muestra asociación entre atrofia y pérdida de memoria con la edad, según el megaanálisis publicado en Nature Communications. Cortesía: Sheryl L. Foster MHlthSc (MRS)(MRI) et al
Más allá del cerebro: lo que aún no sabemos
A pesar de su tamaño y solidez metodológica del estudio, los investigadores reconoce ciertos límites. El deterioro estructural explica solo una pequeña parte de la variabilidad en la pérdida de memoria. Otros factores, como la integridad de la sustancia blanca, la vascularización cerebral, la neuroquímica e incluso la actividad funcional de las redes neuronales, quizá también desempeñan un papel relevante.
Además influyen factores de reserva cognitiva, estilos de vida, educación y salud general, aunque en este trabajo no se detectaron efectos protectores claros de la educación sobre la relación entre cerebro y memoria. Esto no significa que no existan, sino que su impacto puede manifestarse de otras formas.
🗣️ «Comprender esto puede ayudar a los investigadores a identificar precozmente a las personas en riesgo y a desarrollar intervenciones más precisas y personalizadas que apoyen la salud cognitiva a lo largo de la vida y prevengan la discapacidad cognitiva», concluye Pascual-Leone.
Una nueva forma de entender el envejecimiento cognitivo
No cabe duda de que el principal mensaje del estudio es conceptual: el deterioro de la memoria en la vejez no debe entenderse como un fenómeno exclusivamente patológico ni como una antesala inevitable del alzhéimer, que afecta a 800.000 personas en España y a 57 millones en el mundo. Es, en gran medida, la expresión funcional de un cerebro que envejece de forma desigual, vulnerable a múltiples factores, y cuyo declive estructural se acelera con la edad.
Desde esta perspectiva, la frontera entre envejecimiento normal y enfermedad neurodegenerativa se vuelve menos nítida. Ambos comparten mecanismos biológicos comunes, aunque con distinta intensidad. Comprender estos procesos no solo ayuda a explicar por qué olvidamos, sino también a identificar ventanas de intervención temprana, antes de que el deterioro sea irreversible.
En un mundo cada vez más envejecido, entender cómo y por qué se deteriora la memoria no es solo una cuestión científica. Es una de las grandes preguntas sociales del siglo XXI.▪️
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Información facilitada por el Hinda and Arthur Marcus Institute for Aging Research
Fuente: Vidal-Piñeiro, D., Sørensen, Ø., Strømstad, M. et al. Vulnerability to memory decline in aging revealed by a mega-analysis of structural brain change. Nature Communications (2025). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-025-66354-y

