¿Son imparciales las entrevistas de trabajo con inteligencia artificial? Un estudio advierte de que la apariencia del avatar influye en la percepción de justicia
Las entrevistas de trabajo con inteligencia artificial prometen ser más objetivas que las realizadas por personas. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que la apariencia del avatar, su género y su color de piel pueden influir en cómo los candidatos perciben la imparcialidad de las decisiones, incluso cuando el algoritmo trata a todos exactamente igual.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Cada vez más empresas utilizan avatares impulsados por inteligencia artificial para realizar entrevistas de trabajo. Antes de conocer el resultado, la mayoría de los participantes del estudio confiaba en estos entrevistadores virtuales y los consideraba capaces de evaluar a los candidatos de forma objetiva. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Una entrevista de trabajo. Un despacho virtual. Un entrevistador que escucha atentamente, hace preguntas, repregunta cuando una respuesta no queda clara y mantiene contacto visual. Al terminar, unos segundos de espera. Después llega el veredicto: lo sentimos, no ha sido seleccionado para el puesto. Hasta aquí, una situación cada vez más habitual. La diferencia es que quien acaba de rechazar al candidato no es una persona, sino una inteligencia artificial (IA) con apariencia humana.
Las empresas recurren cada vez más a sistemas de IA para agilizar la selección de personal, ya que permiten agilizar el reclutamiento, reducir costes, estandarizar las evaluaciones y mantener el mismo criterio con todos los candidatos. Además, estos sistemas pueden analizar automáticamente miles de currículos y entrevistas en muy poco tiempo, funcionan las veinticuatro horas del día y ofrecen una gran escalabilidad, lo que facilita gestionar procesos de contratación masivos con mayor rapidez y eficiencia.
Pero estos algoritmos ya no solo filtran currículos o clasifican candidaturas: también son capaces de mantener entrevistas mediante avatares fotorrealistas que conversan con naturalidad gracias a los grandes modelos de lenguaje.
La promesa es tentadora: procesos más rápidos, estandarizados y, sobre todo, menos sesgados que los realizados por entrevistadores humanos.
Por qué preocupa el auge de las entrevistas de trabajo con inteligencia artificial
A nivel global, esta automatización avanzada está transformando los departamentos de recursos humanos, especialmente en multinacionales tecnológicas y de servicios masivos donde el volumen de aspirantes es inasumible para equipos humanos.
Sin embargo, la implementación de estas herramientas ha encendido las alarmas de reguladores y sindicatos en todo el mundo.
A pesar de la promesa de neutralidad, diversos estudios han demostrado que los algoritmos pueden perpetuar e incluso amplificar los sesgos históricos de género y raza si son entrenados con datos del pasado. Esto ha llevado a que regiones como la Unión Europea, a través de su ley de inteligencia artificial, clasifiquen estos sistemas de contratación como de alto riesgo, y exijan auditorías estrictas y transparencia absoluta sobre los criterios que el avatar evalúa durante la charla.
La precepción de los candidatos a un puesto de trabajo
Ante este panorama, el mercado laboral se enfrenta al reto de equilibrar la eficiencia técnica con la ética. Mientras que en países de Asia y Norteamérica la adopción de entrevistadores virtuales avanza a pasos agigantados para puestos de nivel inicial, la resistencia cultural y la demanda de una mayor humanización en los procesos ganan terreno en otros sectores.
➡️ La tendencia global no apunta necesariamente a la sustitución total del reclutador, sino hacia un modelo híbrido; un ecosistema donde la IA realiza el cribado y las interacciones iniciales a gran escala, pero donde la decisión final y la evaluación de la empatía o el encaje cultural siguen quedando en manos de personas cualificadas.
Pero ¿qué ocurre si el algoritmo es objetivamente imparcial y, aun así, los candidatos sienten que no lo ha sido?
Esa es precisamente la pregunta que se ha planteado un equipo de investigadores de la Universidad Técnica de Múnich (TUM), en Alemania, y la Universidad de Lund (Suecia). Y la respuesta apunta a un fenómeno profundamente humano: incluso cuando sabemos que estamos hablando con una máquina, seguimos juzgándola como si fuera una persona.
Nuestro cerebro no deja de buscar identidades
La investigación parte de una idea sencilla pero poderosa. Las personas reaccionamos de maneta automática a señales sociales como el sexo, el color de la piel, la voz y las expresiones faciales. Ese mecanismo evolutivo funciona de forma casi inconsciente y nos ayuda a clasificar rápidamente a quienes tenemos delante.
Lo sorprendente es que ese proceso también se activa cuando el interlocutor ni siquiera es un ser humano.
🗣️ «Lo que hasta ahora apenas se había tenido en cuenta es que reaccionamos de forma inconsciente a la apariencia de los avatares, incluso cuando sabemos que estamos hablando con una máquina —explica Enkelejda Kasneci, profesora de Tecnologías Centradas en el Ser Humano para el Aprendizaje de la Universidad Técnica de Múnich. Y añade—: En cuanto una inteligencia artificial se comporta como uno de nosotros, la conversación se convierte en una interacción social».
La idea conecta con una teoría clásica de la psicología conocida como los ordenadores son agentes sociales o Computers Are Social Actors (CASA), según la cual nuestro cerebro aplica de forma espontánea las mismas reglas sociales que utiliza con otras personas a ordenadores, robots o asistentes virtuales cuando presentan rasgos humanos.
El seguimiento ocular reveló que los participantes fijaban más la mirada en el rostro del avatar cuando su color de piel era diferente al suyo. Este patrón sugiere que nuestro cerebro procesa automáticamente las señales sociales, incluso cuando sabemos que estamos interactuando con una IA. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Una entrevista casi real... con un avatar
Para comprobar hasta qué punto influye la apariencia de estos entrevistadores artificiales, los investigadores diseñaron una simulación sorprendentemente realista.
Reclutaron a 215 voluntarios de Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos que participaron en una entrevista para un puesto ficticio de atención al cliente. Cada participante hablaba con un avatar fotorrealista generado mediante la plataforma HeyGen y respaldado por GPT-4o-mini, capaz de reaccionar en tiempo real, formular preguntas adicionales y mantener una conversación fluida, algo muy distinto a los antiguos sistemas basados en vídeos pregrabados.
Los investigadores prepararon cuatro versiones del entrevistador: hombre blanco, mujer blanca, hombre negro y mujer negra. Todos compartían exactamente la misma voz, el mismo entorno profesional, la misma ropa y las mismas preguntas. Lo único que cambiaba era el sexo aparente y el color de la piel.
Los candidatos respondían a cuestiones habituales en cualquier proceso de selección: cómo reaccionan ante las críticas, cómo resolverían un conflicto con un cliente o qué experiencia tienen ayudando a otras personas.
Después llegaba el desenlace.
Todos recibían exactamente el mismo mensaje: habían sido rechazados.
La decisión no dependía de su desempeño. Era idéntica para todos y estaba cuidadosamente diseñada para analizar solo cómo interpretaban ese rechazo.
Al principio confiamos en la IA
Antes de conocer el resultado, la mayoría de los participantes mostraba un elevado nivel de confianza en el entrevistador artificial.
De hecho, el estudio encontró que el sexo o el color de la piel del avatar apenas modificaban esa confianza inicial. Los candidatos aceptaban con bastante naturalidad que una inteligencia artificial pudiera dirigir una entrevista laboral.
Incluso apareció un resultado inesperado: los avatares negros obtuvieron puntuaciones ligeramente superiores en confianza cognitiva y en aceptación futura de este tipo de entrevistas respecto a los avatares blancos, aunque las diferencias fueron moderadas.
Todo cambió cuando apareció el rechazo.
El rechazo activa la sospecha a la IA
Una vez descartados para el puesto, muchos participantes empezaron a preguntarse si la decisión había sido realmente objetiva.
Era entonces cuando la apariencia del avatar comenzaba a adquirir un peso inesperado.
Los investigadores comprobaron que, cuando el entrevistador tenía un color de piel distinto al del candidato, aumentaba la probabilidad de que este atribuyera el rechazo a un posible sesgo relacionado con la raza o la etnia. Es decir, la percepción de parcialidad crecía aunque el algoritmo hubiera tratado exactamente igual a todos los participantes.
Sin embargo, el hallazgo más llamativo fue todavía más paradójico.
La extraña paradoja del «parecido parcial»
La intuición podría hacer pensar que las personas confiarían más en un entrevistador que se pareciera a ellas.
Pero eso no fue exactamente lo que ocurrió.
Los participantes que compartían solo una característica con el avatar —el mismo género o el mismo color de la piel, pero no ambos— fueron quienes consideraron más injusta la decisión.
Paradójicamente, valoraron el proceso como menos justo que quienes coincidían plenamente con el entrevistador y también que quienes no compartían ninguna de esas características.
Los autores denominan a este fenómeno una paradoja de la justicia interseccional, porque rompe con las predicciones más simples de la teoría de la identidad social, según la cual solemos favorecer a quienes percibimos como miembros de nuestro propio grupo.
La realidad parece bastante más compleja.
Nuestro cerebro no responde solo a una característica aislada, sino a la combinación de varias señales sociales que interactúan entre sí de formas difíciles de anticipar.
Los ojos también delatan nuestros prejuicios
El equipo quiso averiguar si estas diferencias aparecían únicamente en las respuestas de los cuestionarios o si podían detectarse también de manera más objetiva.
Para ello incorporaron un sistema de seguimiento ocular mediante la cámara web de los participantes.
El análisis reveló que las personas observaban durante más tiempo el rostro del avatar cuando este pertenecía a un grupo racial distinto al suyo. Esa atención adicional sugiere que el cerebro dedica más recursos a procesar aquellas identidades que percibe como diferentes.
Aunque este comportamiento visual no implica necesariamente un prejuicio consciente, sí confirma que la apariencia del entrevistador modifica de forma automática la manera en que prestamos atención durante la interacción.
Tras recibir un rechazo idéntico para todos los candidatos, la percepción de justicia cambió de forma significativa. El estudio concluye que la sensación de imparcialidad no depende solo del algoritmo, sino también de la apariencia del avatar que comunica la decisión. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
El problema ya no es solo el algoritmo
Durante los últimos años, el debate sobre la inteligencia artificial en recursos humanos se ha centrado casi exclusivamente en evitar que los algoritmos discriminen durante su entrenamiento.
Este estudio plantea un reto adicional.
Aunque el sistema sea completamente imparcial desde el punto de vista técnico, los usuarios pueden seguir interpretando sus decisiones como injustas debido a mecanismos psicológicos profundamente arraigados.
«La discusión sobre la equidad en la inteligencia artificial se ha centrado hasta ahora en si los modelos están entrenados sin sesgos —señala Kasneci. Y añade—: Pero incluso cuando eso se consigue, la IA puede seguir percibiéndose como injusta. Y ese efecto puede surgir por razones muy distintas de las que solemos imaginar».
Para la investigadora, el diseño de estas tecnologías debe incorporar mucho mejor el conocimiento acumulado sobre el comportamiento social humano si realmente se pretende que los procesos de selección sean aceptados por todos los implicados.
Una lección para el futuro de la IA
Los autores reconocen que el estudio tiene limitaciones. Solo analizaron avatares masculinos y femeninos de piel blanca o negra, la entrevista era simulada y todos los participantes recibían un rechazo predeterminado. Además, la investigación se realizó en un contexto controlado con un único tipo de puesto de trabajo.
Aun así, el mensaje resulta difícil de ignorar.
Cada vez que una inteligencia artificial adquiere un rostro, una voz o una identidad visual deja de ser, para nuestro cerebro, un simple algoritmo.
Empieza a convertirse en un actor social.
Y eso significa que no basta con diseñar sistemas objetivamente imparciales. También habrá que entender cómo percibimos esa imparcialidad. Porque, al final, la confianza en la inteligencia artificial no dependerá únicamente de cómo tome sus decisiones, sino también de quién creamos que las está tomando, aunque ese alguien solo exista detrás de una pantalla.▪️(11-julio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Inteligencia Artificial y Entrevistas de Trabajo
🤖 ¿Las entrevistas realizadas por inteligencia artificial son imparciales?
El estudio indica que pueden ser técnicamente imparciales, pero los candidatos no siempre las perciben como tales.
🤖 ¿Qué es un avatar en una entrevista laboral?
Un entrevistador virtual con apariencia humana controlado por un sistema de inteligencia artificial.
🤖 ¿La apariencia del avatar influye en la confianza?
Sí. Tras recibir un rechazo, los participantes modificaban su percepción de justicia dependiendo del género y del color de piel del avatar.
🤖 ¿Cómo se realizó el estudio?
215 participantes realizaron entrevistas simuladas con cuatro avatares distintos y todos recibieron el mismo rechazo para analizar su percepción de imparcialidad.
🤖 ¿Qué tecnología utilizó el estudio?
Avatares de HeyGen, un modelo conversacional basado en GPT-4o-mini, análisis de sentimientos y seguimiento ocular mediante webcam.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
La IA ya se utiliza en procesos de selección de personal para entrevistar candidatos.
Un estudio con 215 participantes analizó cómo influye la apariencia del entrevistador virtual.
Los candidatos confiaban inicialmente en la IA, pero esa confianza disminuía tras recibir un rechazo.
Compartir únicamente el género o el color de piel con el avatar aumentaba la sensación de injusticia.
El seguimiento ocular confirmó que las personas prestaban más atención a los avatares con un color de piel diferente.
Los investigadores concluyen que la equidad de una IA depende también de cómo las personas interpretan su apariencia.
Información facilitada por la Universidad Técnica de Múnich
Fuente: Lau, Ka Hei Carrie and Stark, Philipp and Bozkir, Efe and Kasneci, Enkelejda. Skin-Deep Bias: How Avatar Appearances Shape Perceptions of AI Hiring. Association for Computing Machinery (2026). DOI: https://doi.org/10.1145/3772318.3790379

