Un fósil único conserva el estómago y el hígado de un reptil marino de hace 245 millones de años

Un fósil excepcional hallado en China conserva no solo el esqueleto completo de un antiguo reptil marino, sino también su estómago, hígado, intestinos e incluso restos de su última comida, y ofrece una ventana única a la evolución de los primeros vertebrados que conquistaron los océanos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de Austronaga minuta cazando un banco de peces en los mares tropicales del Triásico, hace unos 245 millones de años.

Recreación artística del Austronaga minuta cazando un banco de peces en los mares tropicales del Triásico, hace unos 245 millones de años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Hace unos 245 millones de años, cuando la vida todavía se recuperaba de la Gran Mortandad —la mayor catástrofe biológica que ha sufrido nuestro planeta—, un pequeño depredador, con un cuello sorprendentemente largo y un cuerpo perfectamente adaptado para nadar, recorría las cálidas aguas del antiguo océano Tetis persiguiendo peces. Medía apenas unos 60 centímetros, pero escondía un secreto que ha permanecido enterrado durante casi un cuarto de billón de años.

Hoy, ese secreto ha salido a la luz gracias a un fósil extraordinario descubierto en la provincia china de Yunnan. El animal, bautizado como Austronaga minuta, no solo conserva prácticamente todo su esqueleto articulado, sino también una colección de tejidos blandos cuya preservación roza lo milagroso: el estómago, el hígado, el intestino delgado, el intestino grueso, posibles restos de piel y músculos e incluso estructuras que podrían corresponder a diminutos vasos sanguíneos. Nunca antes se había encontrado un reptil tan antiguo con un aparato digestivo conservado con semejante nivel de detalle.

El hallazgo, publicado en la revista Science Advances, constituye una de las ventanas más completas abiertas hasta ahora al interior anatómico de un reptil del Triásico, y permite reconstruir tanto su modo de vida como algunos aspectos fundamentales de la evolución de los reptiles marinos.

El fósil conserva el estómago, el hígado y los intestinos

Los fósiles suelen preservar solo las partes duras del organismo: huesos, dientes o caparazones. Los órganos internos, compuestos por tejidos blandos, desaparecen normalmente pocas horas o días después de la muerte del animal. Por eso, encontrar un fósil que conserve el aparato digestivo completo es un acontecimiento extraordinariamente raro.

En este caso, los investigadores identificaron con claridad la posición del estómago, el hígado y los intestinos gracias a la combinación de observaciones bajo luz ultravioleta y análisis microscópicos y geoquímicos. La distribución de minerales ricos en hierro permitió reconocer el antiguo hígado, mientras que la elevada concentración de fosfatos delató el recorrido del intestino.

Pero la sorpresa no terminaba ahí.

Dentro del intestino aparecieron diminutas escamas de peces que sobrevivieron al proceso de digestión y quedaron fosilizadas junto al contenido intestinal. Es, literalmente, la última comida del animal congelada en el tiempo desde hace 245 millones de años.

🗣️ Para el paleontólogo australiano John Long, de la Universidad Flinders, en Australia, que no participó en el estudio, la importancia del descubrimiento es difícil de exagerar: «Un fósil de esta antigüedad con una conservación tan clara de sus órganos es realmente un tesoro mundial».

Aunque en 2022 el propio Long describió un pez acorazado de 380 millones de años que preservaba órganos internos tridimensionales —los más antiguos conocidos en cualquier vertebrado—, considera que el nuevo ejemplar constituye igualmente una pieza excepcional por la calidad de su conservación y por tratarse del reptil más antiguo con un sistema digestivo completo identificado hasta la fecha.

El holotipo de Austronaga minuta (IVPP V18579), descubierto en la provincia china de Yunnan, conserva un esqueleto prácticamente completo y articulado, un nivel de preservación excepcional para un reptil marino del Triásico Medio

El holotipo de Austronaga minuta (IVPP V18579), descubierto en la provincia china de Yunnan, conserva un esqueleto prácticamente completo y articulado, un nivel de preservación excepcional para un reptil marino del Triásico Medio. Cortesía: Wei Wang et al.

¿Qué era «Austronaga minuta»?

A primera vista, Austronaga minuta podría recordar a una versión diminuta de los famosos plesiosaurios que dominarían los mares muchos millones de años después: cuello largo, cabeza relativamente pequeña y cuerpo hidrodinámico.

Sin embargo, las apariencias engañan.

Este animal no era un plesiosaurio ni tampoco un ictiosaurio. De hecho, ni siquiera pertenecía al grupo clásico de los grandes reptiles marinos del Mesozoico.

Formaba parte de la infraclase de los arcosauromorfos (Archosauromorpha), un amplio linaje evolutivo del que acabarían surgiendo los dinosaurios, las aves y los cocodrilos actuales. Durante el Triásico, este grupo experimentó una enorme diversificación ecológica y dio lugar a formas muy diferentes entre sí, muchas de ellas hoy prácticamente desconocidas.

🗣️ «Los arcosauromorfos eran increíblemente diversos durante el Triásico e incluían toda clase de reptiles extraños e interesantes», explica Stephan Spiekman, paleontólogo del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, en Alemania, y uno de los autores del estudio.

Solo más adelante, durante el Jurásico, esta diversidad quedó reducida principalmente a los dinosaurios —incluidas las aves— y a los cocodrilos.

Un eslabón clave en la conquista del océano

Aunque el único ejemplar conocido mide apenas 60 centímetros, los investigadores creen que el Austronaga minuta era un depredador extraordinariamente eficaz.

Su anatomía revela un conjunto de adaptaciones que lo alejaban claramente de la vida terrestre.

Las patas delanteras se habían transformado en auténticas aletas, con un número anormalmente elevado de falanges —un fenómeno conocido como hiperfalangia—, una característica que aparece de forma independiente en otros grandes nadadores de la historia, como los ictiosaurios, los plesiosaurios e incluso los cetáceos modernos.

Además, los huesos de la pelvis habían perdido gran parte de su función para sostener el cuerpo fuera del agua, mientras que las extremidades posteriores eran mucho más pequeñas que las delanteras.

Los análisis comparativos realizados con más de doscientas especies actuales y fósiles muestran que la proporción entre el húmero y el fémur del Austronaga es una de las más extremas conocidas entre todos los vertebrados marinos analizados. Sus patas delanteras eran proporcionalmente enormes respecto a las traseras, una señal inequívoca de que había abandonado casi por completo cualquier capacidad para desplazarse por tierra.

Según Spiekman, todo apunta a un nadador muy ágil.

🗣️ «Sin duda era un excelente nadador que utilizaba principalmente la cola para impulsarse, las largas aletas delanteras para maniobrar y el cuello alargado para capturar peces».

El investigador propone una imagen curiosa para imaginar su aspecto.

🗣️ «Probablemente se parecería un poco a un lagarto o un cocodrilo intentando convertirse en una foca o una nutria».

¿Qué comió antes de morir?

Los contenidos del aparato digestivo permiten responder a una de las preguntas más habituales en paleontología: ¿qué comía este animal?

Las pequeñas escamas halladas en el intestino indican que se alimentaba principalmente de peces. La forma de los dientes también encaja perfectamente con esta interpretación: eran cónicos, afilados y diseñados para sujetar presas resbaladizas más que para triturarlas.

Pero el fósil ofrece información todavía más valiosa.

El recorrido del tubo digestivo demuestra que estos reptiles poseían un aparato digestivo relativamente sencillo, con un gran estómago de una sola cámara y unos intestinos cortos y poco enrollados.

Sorprendentemente, este diseño apenas difiere del que presentan hoy muchos reptiles carnívoros modernos.

Para Spiekman, esta es una de las conclusiones más llamativas del estudio.

«Los intestinos rectos y simples son justo lo que vemos en la mayoría de los reptiles depredadores actuales, incluidos los que se alimentan de peces».

En otras palabras, mientras el cuerpo del animal evolucionó profundamente para adaptarse a la vida marina, su sistema digestivo permaneció extraordinariamente conservador.

Esa estabilidad anatómica durante casi 245 millones de años constituye una de las lecciones evolutivas más sorprendentes del descubrimiento.

El extraordinario estado de conservación del fósil de Austronaga minuta ha permitido identificar la posición del estómago, el hígado y los intestinos, convirtiéndolo en el reptil más antiguo conocido con un aparato digestivo preservado. Cortesía: Wei Wang et al.

Qué revela este hallazgo sobre la evolución de los reptiles

Uno de los aspectos más interesantes del Austronaga minuta es que demuestra que la conquista del océano no fue un acontecimiento aislado en la evolución de los reptiles. Durante el Triásico, distintos grupos emprendieron ese mismo viaje de forma independiente.

Los ictiosaurios desarrollaron cuerpos con forma de delfín. Los sauropterigios dieron origen, millones de años después, a los plesiosaurios de cuello interminable. Otros linajes evolucionaron hacia formas completamente distintas.

Ahora sabemos que los primeros arcosauromorfos también protagonizaron esa transición.

Hasta hace poco se pensaba que los miembros más primitivos de este gran grupo eran, casi exclusivamente, animales terrestres. Sin embargo, el Austronaga minuta demuestra que algunos descendientes ya habían abandonado prácticamente por completo la tierra firme apenas unos millones de años después de la mayor extinción masiva de la historia.

Los análisis filogenéticos realizados por los investigadores sitúan al Austronaga dentro de los trachelosáuridos, un grupo de reptiles de cuello largo cuyos parientes más primitivos vivían sobre tierra firme, mientras que otros evolucionaron progresivamente hacia ambientes costeros y, finalmente, oceánicos.

Eso convierte a este linaje en un modelo excepcional para estudiar cómo un vertebrado terrestre acaba transformándose en un habitante permanente del mar.

Según los autores, ningún otro gran grupo de reptiles marinos del Mesozoico ofrece una secuencia evolutiva tan completa que incluya especies claramente terrestres y otras plenamente marinas. Esa continuidad permite reconstruir paso a paso una de las transformaciones más espectaculares de la evolución de los vertebrados.

Un aparato digestivo inalterable

La evolución suele modificar profundamente aquellas estructuras sometidas a nuevas exigencias ambientales.

En el Austronaga minuta eso resulta evidente:

✅ Las extremidades se transformaron en aletas.

✅ La pelvis dejó prácticamente de servir para caminar.

✅ Los dedos aumentaron su número de falanges para formar superficies más eficaces durante la natación.

✅ Incluso las articulaciones perdieron movilidad, porque ya no necesitaban soportar el peso del cuerpo sobre tierra.

Sin embargo, el aparato digestivo siguió un camino muy diferente.

El estudio muestra que el estómago consistía en una única cavidad amplia, una condición considerada primitiva frente al sistema digestivo más complejo que presentan hoy los cocodrilos y las aves, sus parientes vivos más cercanos. El intestino era relativamente corto y poco enrollado, una configuración muy similar a la que poseen actualmente numerosos reptiles carnívoros que capturan peces.

En otras palabras, mientras el exterior del animal experimentó una auténtica revolución anatómica para adaptarse al océano, su maquinaria digestiva apenas necesitó cambiar.

Los autores interpretan este contraste como un ejemplo de que la presión evolutiva actuó de forma muy desigual sobre distintos órganos. Nadar mejor exigía rediseñar casi todo el esqueleto. Digestionar pescado, en cambio, seguía siendo una tarea que el viejo diseño heredado de sus antepasados realizaba con notable eficacia.

Un instante congelado durante 245 millones de años

La conservación del fósil resulta tan extraordinaria que los investigadores recurrieron a múltiples técnicas para descifrar qué estaban viendo.

La iluminación con luz ultravioleta permitió distinguir tejidos que pasan desapercibidos bajo luz normal. Posteriormente, mediante microscopía electrónica de barrido y análisis químicos identificaron diferencias en la composición mineral de cada órgano.

El hígado, por ejemplo, aparecía enriquecido en hierro, tal vez debido a la transformación de compuestos derivados de la hemoglobina durante la fosilización. Los intestinos presentaban abundancia de fosfatos, compatibles con restos del contenido digestivo. Incluso algunas finísimas estructuras ramificadas podrían corresponder a antiguos vasos sanguíneos fosilizados.

Aunque los órganos solo se conservan en dos dimensiones —aplastados por millones de años de presión geológica—, el nivel de detalle supera con mucho el habitual en reptiles fósiles.

l paleontólogo australiano John Long, de la Universidad Flinders, sostiene una reconstrucción fósil en su laboratorio.

El paleontólogo australiano John Long, de la Universidad Flinders, sostiene una reconstrucción fósil en su laboratorio. El investigador, una de las mayores autoridades mundiales en vertebrados fósiles, ha calificado el hallazgo de Austronaga minuta como «un tesoro mundial». Cortesía: Universidad Flinders

Qué revela este hallazgo sobre la evolución de los reptiles

La importancia del hallazgo trasciende la descripción de una nueva especie.

Durante décadas, la historia de los reptiles marinos se ha contado casi exclusivamente a través de gigantes como los ictiosaurios, los plesiosaurios o los mosasaurios. El Austronaga minuta añade ahora un capítulo inesperado protagonizado por un animal pequeño, pero evolutivamente decisivo.

Su descubrimiento demuestra que los arcosauromorfos exploraron el medio marino antes y con mayor intensidad de lo que se pensaba. También confirma que, tras la devastadora extinción del final del Pérmico, los ecosistemas del Triásico fueron auténticos laboratorios evolutivos donde surgieron múltiples soluciones para conquistar el océano.

➡️ «La transición desde la tierra al mar ocurrió en este importante linaje de reptiles al comienzo del Mesozoico, de forma paralela a la observada en otros grandes grupos de reptiles marinos», concluyen los investigadores.

Una cápsula del tiempo del Triásico

Resulta llamativo que un animal de apenas medio metro haya proporcionado tanta información sobre un periodo decisivo de la historia de la vida.

En su esqueleto quedó registrada la transformación de unas patas en eficientes aletas. En sus órganos internos se conserva un sistema digestivo sorprendentemente parecido al de muchos reptiles actuales. En su intestino permanecen las escamas del último pez que devoró. Y en los minerales que sustituyeron a sus tejidos blandos se esconden pistas sobre procesos biológicos que ocurrieron hace 245 millones de años.

No le falta razón a Long cuando afirma que estamos ante «un tesoro mundial». Y no es una exageración.

Porque fósiles como Austronaga minuta no solo permiten poner nombre a una especie desaparecida. También ofrecen algo mucho más valioso: la posibilidad de observar, casi órgano por órgano, cómo la evolución fue moldeando a los primeros reptiles que hicieron del océano su hogar mucho antes de que los grandes dinosaurios dominaran la Tierra.▪️(31 de julio)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Austronaga minuta vivió hace 245 millones de años, durante el Triásico Medio.
  • El fósil conserva estómago, hígado e intestinos, un caso excepcional entre los reptiles fósiles.
  • Es el reptil más antiguo conocido con órganos internos preservados.
  • También conserva escamas de peces parcialmente digeridos, que revelan su dieta piscívora.
  • Era un depredador marino especializado, con las extremidades transformadas en aletas.
  • Su aparato digestivo apenas difiere del de muchos reptiles depredadores actuales.
  • El descubrimiento ayuda a reconstruir la transición evolutiva de la tierra al mar en los arcosauromorfos.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: «Austronaga minuta» y Arcosauromorfos

🐉 ¿Qué es Austronaga minuta?

Es un pequeño reptil marino que vivió hace unos 245 millones de años durante el Triásico y pertenecía al grupo de los arcosauromorfos, los antepasados lejanos de dinosaurios, aves y cocodrilos.

🐉 ¿Por qué este fósil es excepcional?

Porque conserva no solo el esqueleto, sino también el estómago, el hígado, los intestinos y restos de su última comida, algo extremadamente raro en reptiles fósiles.

🐉 ¿Qué comía?

Los restos hallados en el intestino indican que era un depredador piscívoro que capturaba pequeños peces.

🐉 ¿Era un dinosaurio?

No. Aunque pertenecía al gran grupo evolutivo de los arcosauromorfos, no era un dinosaurio.

🐉 ¿Dónde se encontró?

En la provincia china de Yunnan, en sedimentos marinos del Triásico Medio.

🐉 ¿Qué demuestra este descubrimiento?

Que algunos arcosauromorfos ya habían desarrollado adaptaciones extremas para vivir en el océano mucho antes de que aparecieran los grandes reptiles marinos más conocidos.

  • Fuente: Wei Wang et al. Highly aquatic marine stem archosaur with soft tissue preservation. Science Advances (2026). DOI:10.1126/sciadv.aeb7528

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