Jugar al pickleball con frecuencia mejora la salud mental
Nuevas evidencias muestran que la regularidad en la práctica de este deporte no solo mejora la condición física, sino también el estado de ánimo. La frecuencia y la duración de las sesiones de pickleball marcan un umbral claro para impulsar la salud mental.
Por Enrique Coperías
Un estudio con 1.667 jugadores de pickleball demuestra que practicar este deporte al menos tres veces por semana mejora el bienestar mental, especialmente en adultos mayores. Foto de Thanh Long Bùi
En Estados Unidos, el pickleball, un híbrido entre el tenis, el pádel, bádminton y el tenis de mesa, se ha convertido en un fenómeno social, con más de 50 millones de aficionados. Y se está popularizando en muchos otros países alrededor del mundo. En España, el pasado verano se estrenó el primer Circuito Nacional de Pickleball y cerca de 20.000 personas ya se han sumado a este deporte.
Prueba de su éxito es que las pistas proliferan por doquier, los clubes se multiplican y sus jugadores forman una comunidad vibrante que no deja de crecer. Pero más allá de la moda, una nueva investigación sugiere que esta actividad podría tener un impacto notable en la salud psicológica, especialmente en personas con edades avanzadas.
Un estudio publicado en la Frontiers in Psychology analiza por primera vez si existe una relación dosis–respuesta entre el tiempo dedicado a este deporte y el bienestar mental de quienes lo practican. La pregunta es sencilla: ¿cuánto hay que jugar para notar efectos reales en el estado de ánimo y la calidad de vida? La respuesta, según los autores, apunta a una frontera clara: al menos tres veces por semana.
El trabajo, basado en una encuesta a 1.667 jugadores de pickleball estadounidenses, revela que quienes juegan tres o más veces por semana presentan niveles significativamente mayores de bienestar, medidos a través del índice estandarizado WHO-5 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La diferencia es «estadísticamente robusta» y se mantiene incluso cuando se tienen en cuenta variables como la edad, el sexo, las lesiones previas o participación en otros deportes.
Un deporte accesible y social… que también protege la mente
La popularidad del pickleball tiene una explicación sencilla: se aprende rápido, es de bajo impacto y permite jugar de forma competitiva sin esfuerzos extremos. Pero lo que hasta ahora solo era intuición, esto es, que sus jugadores parecen especialmente animados y motivados, comienza a respaldarse con datos.
Según el estudio, quienes juegan al menos tres veces por semana obtienen una puntuación media de 77,5 sobre 100 en bienestar, frente al 73,5 de quienes lo practican con menor frecuencia. La duración de las sesiones también importa: sesiones superiores a dos horas se asocian con puntuaciones igualmente superiores. Ambas diferencias son significativas y muestran, por primera vez, una curva ascendente entre exposición al deporte y salud mental.
En otras palabras, cuanto más se juega, mejor se siente uno. Así lo resume el propio título del estudio: The more you play, the better you feel.
La explicación podría hallarse en una combinación de factores conocidos: actividad física moderada, interacción social frecuente y aprendizaje de nuevas habilidades, todos ellos elementos que favorecen el bienestar emocional y reducen el riesgo de depresión o aislamiento. Pero el estudio no se conforma con confirmar esta intuición; además describe qué grupos se benefician más de este efecto.
Foto: Ben Hershey
Por qué el pickleball beneficia especialmente a los adultos mayores
Uno de los hallazgos más llamativos es que el efecto positivo del pickleball en la salud mental se amplifica con la edad. En el gráfico presentado en el artículo, se observa cómo las puntuaciones de bienestar crecen progresivamente entre los grupos de 48 a 62 años, y alcanzan su máximo entre los 63 y 77 años, independientemente de si juegan con mayor frecuencia o durante más tiempo. A partir de los 78 años se aprecia un leve descenso, aunque los niveles siguen siendo elevados en comparación con los grupos más jóvenes.
Para los investigadores, esto refuerza la idea de que las personas mayores no solo toleran bien el pickleball, sino que pueden encontrar en él una herramienta clave para combatir la soledad, mantener la actividad social y sostener la salud psicológica.
Además, el estudio recuerda que los mayores son particularmente vulnerables a la disminución de bienestar, según investigaciones previas citadas por los autores, por lo que la aparición de un deporte accesible, divertido y comunitario ofrece un recurso valioso.
Hombres y mujeres: beneficios similares
Otro dato relevante del estudio es la ausencia de diferencias entre sexos. Tanto hombres como mujeres mostraron niveles de bienestar prácticamente idénticos cuando jugaban con frecuencia elevada o en sesiones prolongadas.
En palabras de Oluwatoyosi Owoeye, profesor de Fisioterapia y Entrenamiento Deportivo de la Saint Louis University y coautor del estudio, los resultados de hombres y mujeres son prácticamente iguales: sus márgenes estadísticos coinciden casi por completo, lo que muestra que ninguno de los dos géneros obtiene más beneficios psicológicos que el otro.
Este hallazgo respalda la idea de que los beneficios psicológicos del deporte recreativo son transversales y no requieren intervenciones adaptadas específicamente para hombres o mujeres.
Las lesiones sí pasan factura
Pero no todos los resultados son positivos. Entre los jugadores con lesiones recientes, las puntuaciones de bienestar fueron sensiblemente inferiores a las del resto. Como podemos leer en el estudio, las personas con una lesión en el último año puntúan entre 3 y 4 puntos menos, una diferencia que los autores califican como clínicamente significativa.
Esta caída coincide con lo observado en otras disciplinas deportivas: las lesiones deportivas no solo afectan al cuerpo, sino que reducen la vida social asociada a la práctica, generan frustración y miedo a recaer, y pueden limitar la actividad física durante largos periodos. El aumento de popularidad del pickleball en Estados Unidos ha ido acompañado de un incremento en las consultas médicas por problemas musculoesqueléticos, especialmente entre aficionados de más edad.
Los autores insisten en la necesidad de programas de prevención de lesiones, pues mantener la continuidad en el juego parece clave para sostener los beneficios psicológicos.
Tanto hombres como mujeres mostraron niveles de bienestar prácticamente idénticos cuando jugaban al pickleball con frecuencia elevada o en sesiones prolongadas. Foto: Jon Matthews
Pickleball y recomendaciones de actividad física de la OMS
El estudio subraya que el pickleball permite cumplir fácilmente las recomendaciones de actividad física de la OMS: entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado.
Estudios previos citados en la introducción ya habían demostrado que tanto los partidos individuales como los dobles alcanzan niveles de intensidad moderada.
Además, investigaciones anteriores muestran que quienes practican pickleball tienden a aumentar de forma espontánea el tiempo total de ejercicio semanal y reportan altos niveles de disfrute, un factor clave para sostener la adherencia a largo plazo.
Un estudio amplio, pero con limitaciones
Pese a la solidez estadística del análisis, los autores reconocen varias limitaciones. La primera es la composición de la muestra: la edad media de los encuestados fue de 63 años, una cifra mayor que la edad media de los jugadores estadounidenses según la patronal deportiva del país. Esto podría sesgar los resultados hacia un perfil más veterano, más propenso a beneficiarse socialmente del deporte.
También se trata de un estudio transversal, lo que impide determinar si es el pickleball el que mejora el bienestar o si las personas con mayor bienestar tienden a jugar más. Todo el cuestionario es, además, autodeclarado, con el riesgo habitual de imprecisiones de memoria o sesgo de deseabilidad social.
Aun así, los autores consideran que la consistencia de los resultados —el efecto aparece tanto en la frecuencia como en la duración, y se mantiene en los modelos ajustados— refuerza la hipótesis de un impacto real.
¿Una herramienta para la salud pública?
El trabajo se suma a una creciente literatura que aborda los beneficios del deporte recreativo. Estudios previos citados en el propio artículo muestran que participar en deportes a partir de la mediana edad reduce el riesgo de depresión, aumenta la integración social y favorece la calidad de vida.
La novedad del pickleball es que ofrece una entrada especialmente sencilla: pistas pequeñas, materiales económicos, bajo riesgo físico y un componente social muy marcado.
Por todo ello, los autores plantean que este deporte podría convertirse en una herramienta de promoción de la salud pública, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde el envejecimiento poblacional avanza rápidamente y la soledad no deseada se ha convertido en un problema emergente de salud.
Tres veces por semana: un umbral razonable
Si hay una conclusión clara en el estudio es que la frecuencia importa. Jugar una o dos veces por semana mejora el bienestar, pero no tanto como hacerlo tres o más veces. Este umbral de práctica —que implica entre tres y seis horas semanales en la mayoría de los jugadores— coincide con las recomendaciones generales de ejercicio en adultos mayores.
Los investigadores concluyen que el pickleball «representa una actividad accesible, social y potencialmente protectora de la salud mental», siempre que se practique con regularidad y se cuiden los aspectos de seguridad para evitar lesiones.
Mientras el deporte continúa su expansión global, la ciencia empieza a iluminar lo que muchos jugadores ya intuían: en una pista de pickleball, lo que está en juego no es solo un punto, sino también un pequeño impulso al bienestar mental.▪️
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Fuente: Oluwatoyosi B. A. Owoeye, Joseph Grese, Madeline Stenersen, Ted Yemm, Chris Sebelski, Katie Sniffen. The more you play, the better you feel: a dose–response analysis of pickleball and mental wellbeing in U.S. adults. Frontiers in Psychology (2025). DOI: https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1676695

