¿El aroma a pino puede hacernos más inteligentes? La ciencia pone a prueba el «perfume del bosque»
Respirar el aroma de un bosque siempre se ha asociado con calma, bienestar y claridad mental. Pero un nuevo estudio científico ha querido averiguar si los compuestos químicos liberados por los árboles pueden realmente mejorar la memoria, la atención o la inteligencia… y los resultados han sorprendido incluso a los investigadores.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una mujer se asoma entre los árboles de un bosque de coníferas, un entorno cuyo característico aroma a resina y madera ha sido investigado por científicos para analizar sus posibles efectos sobre la memoria, la atención y el bienestar psicológico. K. Mitch Hodge
El olor de un bosque puede transportarnos en segundos a otro lugar. Basta una bocanada de aire impregnada de resina, tierra húmeda y madera para que aparezca la sensación de calma.
Desde hace años, científicos de distintas disciplinas sospechan que esa experiencia no es solo psicológica: tal vez ciertos compuestos químicos liberados por los árboles puedan influir de forma real en nuestro cerebro, reducir el estrés o incluso mejorar la concentración y la memoria. Pero ¿hasta qué punto ese perfume del bosque tiene efectos medibles sobre la mente humana?
Un nuevo estudio realizado por investigadoras del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, en Berlín (Alemania), ha intentado responder a esa pregunta sometiendo a prueba una idea sugerente: si respirar aromas de árboles puede hacernos más inteligentes, más atentos o emocionalmente más equilibrados. Y la conclusión, al menos por ahora, es mucho más sobria de lo esperado: oler pino no parece mejorar de manera inmediata ni la cognición ni el estado de ánimo. Un resultado que contradice las conclusiones de trabajos anteriores. Veamos por qué.
La ciencia detrás del «olor a bosque»
La investigación, publicada en la revista Journal of Environmental Psychology, partía de una hipótesis muy atractiva. Numerosos trabajos previos habían mostrado que pasar tiempo en la naturaleza mejora el bienestar psicológico, reduce el estrés y favorece ciertas funciones cognitivas, como la atención y la memoria de trabajo. Es más, numerosos productos comerciales basan su publicidad en los supEustos benefIcios de la aromaterapia.
El problema es que la mayoría de esos estudios analizan experiencias completas: paseos por bosques, estancias prolongadas en parques o contacto visual con paisajes naturales. Separar qué elemento concreto produce el beneficio resulta mucho más complicado.
➡️ Las autores quisieron aislar una de las piezas más olvidadas de esa experiencia: el olfato. «La naturaleza activa todos nuestros sentidos, pero el papel de los olores ha sido ampliamente ignorado» explican las investigadoras Djo Juliette Fischery Simone Kühn en su artículo.
Cómo se realizó el experimento
Para ello recurrieron a dos aceites esenciales obtenidos de árboles muy distintos. El primero procedía del abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii), una especie relativamente familiar para los participantes alemanes del estudio. El segundo era aceite esencial del falso ciprés hinoki (Chamaecyparis obtusa), un árbol originario de Japón cuyo aroma resultaría mucho más exótico para la mayoría de voluntarios europeos.
La idea era comprobar si la familiaridad con el olor influía en sus posibles efectos psicológicos.
Más de 100 participantes y dos estudios independientes
El experimento incluyó a 102 participantes repartidos en dos estudios sucesivos. Cada persona acudía dos días distintos al laboratorio. En una sesión, una máquina difusora liberaba aroma de árbol en el ambiente; en la otra, simplemente vapor de agua sin olor. Los voluntarios desconocían qué condición estaban experimentando, porque los investigadores evitaron mencionar en todo momento palabras como naturaleza, bosque o árbol.
Oficialmente, el experimento se presentaba como un estudio sobre efectos de repetición en pruebas cognitivas.
Después comenzaba una auténtica batería de test mentales que duraba unos 75 minutos. Los voluntarios tenían que resolver ejercicios de memoria de trabajo, atención sostenida, velocidad de reacción, control inhibitorio y flexibilidad cognitiva. Además, rellenaban cuestionarios sobre estrés psicológico y estado de ánimo.
Frascos de aceites esenciales utilizados en aromaterapia, una práctica basada en compuestos aromáticos naturales que la ciencia investiga por sus posibles efectos sobre el estrés, el estado de ánimo y la concentración.
Qué son los terpenos y por qué interesan a la ciencia
La lógica del estudio se apoyaba en investigaciones anteriores sobre el llamado shinrin-yoku o baño de bosque, una práctica japonesa basada en pasar tiempo entre árboles. Algunos trabajos habían sugerido que los compuestos orgánicos volátiles emitidos por las plantas —especialmente los terpenos, sustancias responsables de muchos aromas forestales— podrían tener efectos fisiológicos reales: disminución de la presión arterial, reducción del ritmo cardiaco o cambios en ciertos parámetros inmunológicos.
También existían indicios de que algunos aceites esenciales, como la menta, el romero y la salvia, pueden influir sobre la memoria o la atención. El problema es que los estudios sobre olores de árboles eran escasos y, en muchos casos, realizados con muestras diminutas de apenas seis u ocho personas.
Los investigadores alemanes esperaban encontrar al menos pequeñas mejoras en estados de alerta o atención. Y, durante un momento, pareció que algo interesante emergía de los datos. En el primer experimento, quienes estuvieron expuestos al olor del abeto de Douglas reaccionaban ligeramente más rápido en una prueba de vigilancia sostenida. Sin embargo, cuando el equipo amplió la muestra y repitió el análisis con más participantes, el supuesto efecto desapareció.
El resultado: oler el aroma del pino no mejora las capacidades cognitivas
El resultado final fue contundente: ni el olor del abeto de Douglas ni el del ciprés falso hinoki produjeron mejoras significativas en memoria, atención, control ejecutivo, estado de ánimo o percepción subjetiva del estrés.
La sorpresa no terminó ahí. Quizá el hallazgo más llamativo del trabajo fue otro: la mayoría de participantes ni siquiera supo identificar correctamente el olor que estaba respirando.
En el caso del abeto de Douglas, solo una minoría reconoció el aroma como procedente de árboles o bosques. Muchos describieron el olor como cítrico, afrutado, floral o incluso similar a un producto de limpieza.
Una persona abraza el tronco de un árbol en pleno bosque, una imagen asociada al shinrin-yoku o baño de bosque, práctica japonesa que estudia cómo el contacto con la naturaleza puede influir en el estrés, el bienestar y la salud mental. Foto: Trent Haaland
Olores, recuerpos y emociones
Ese detalle podría ser clave. El cerebro humano no procesa los olores únicamente como señales químicas. También les asigna significados culturales, recuerdos y asociaciones emocionales. Y esas asociaciones parecen alterar profundamente nuestra respuesta psicológica.
Los propios autores recuerdan un experimento clásico en el que los participantes reaccionaban de forma completamente distinta al mismo olor dependiendo de si se les decía que era queso o vómito. El estímulo químico era idéntico; lo que cambiaba era la interpretación mental.
➡️ «Detectar un olor es sencillo, pero identificarlo y nombrarlo correctamente puede resultar sorprendentemente difícil», señalan Fischer y Kühn. Según las investigadoras, esa dificultad podría explicar por qué los aromas forestales no provocaron los efectos esperados: si el cerebro no reconoce conscientemente el olor como naturaleza, quizá no activa las asociaciones mentales vinculadas al bienestar o la relajación.
Eso significa que el supuesto poder relajante de un olor a bosque podría depender no solo de las moléculas que inhalamos, sino también de saber —o creer— que estamos oliendo naturaleza.
En otras palabras: quizá el aroma de los árboles no actúe como un medicamento automático capaz de modificar nuestro cerebro de forma inconsciente, sino como parte de una experiencia más compleja en la que intervienen expectativas, recuerdos y contexto ambiental.
Una mujer inhala el aroma de un aceite esencial durante una sesión de aromaterapia. Algunos estudios científicos analizan si ciertos olores naturales, como los de árboles y plantas, pueden influir en la memoria, la atención o el bienestar psicológico. Foto: AI25.Studio Studio
El cerebro no solo huele: también interpreta
Las investigadoras apuntan precisamente en esa dirección. «La exposición a olores naturales podría influir en la cognición y el comportamiento a través de asociaciones semánticas activadas por el propio olor», sostienen Fischer y Kühn. Y añaden que futuras investigaciones deberían explorar qué ocurre cuando se informa explícitamente a las personas de que están respirando un aroma forestal.
Además, un bosque real no es simplemente un conjunto de moléculas aromáticas flotando en el aire. Es un entorno multisensorial: hay sonidos, colores, humedad, temperatura, movimiento y asociaciones culturales profundas. Intentar reproducir toda esa experiencia únicamente mediante unas gotas de aceite esencial puede ser demasiado simplista.
Por qué un bosque real no puede reducirse a un difusor
El propio laboratorio donde se realizaron las pruebas estaba lejos de parecerse a un entorno natural. Los participantes permanecían sentados en una sala blanca de un edificio médico mientras completaban ejercicios mentales exigentes. El cansancio cognitivo generado por los test pudo ocultar efectos sutiles sobre el estado de ánimo.
Qué implicaciones tiene este estudio
Aun así, el estudio resulta importante precisamente porque pone límites a una narrativa muy popular en torno a ciertos aromas milagrosos. En los últimos años han proliferado productos comerciales que prometen mejorar la concentración, reducir la ansiedad o potenciar el rendimiento mental mediante fragancias naturales. Pero la evidencia científica sólida sigue siendo mucho más ambigua de lo que sugiere el marketing.
En otras palabras, el trabajo también pone límites científicos a muchas afirmaciones comerciales sobre:
✅ Los aceites esenciales.
✅ La aromaterapia.
✅ Las fragancias antiestrés.
✅ Aromas capaces de aumentar el rendimiento mental.
La ciencia tiene mucho olfato
Eso no significa que el olor de los bosques sea irrelevante. Las autoras insisten en que hacen falta más investigaciones para entender cómo influyen los olores naturales sobre nuestras emociones y nuestra cognición, especialmente cuando las personas reconocen conscientemente el origen del aroma.
También es posible que los efectos reales requieran exposiciones más largas y contextos más inmersivos. Respirar aire forestal durante horas mientras caminamos entre árboles probablemente no sea equivalente a permanecer en una habitación cerrada con un difusor eléctrico.
La paradoja es fascinante: el ser humano evolucionó durante cientos de miles de años rodeado de paisajes naturales, y sin embargo la ciencia todavía sabe muy poco sobre cómo esos entornos moldean nuestra mente a través de los sentidos más discretos. La vista ha monopolizado gran parte de la investigación sobre naturaleza y bienestar. El olfato, mucho más difícil de medir y describir, sigue siendo una frontera casi desconocida.
Quizá por eso este estudio no cierre realmente el debate, sino que lo vuelva más interesante. Porque el verdadero efecto de un bosque podría no residir en una sola molécula aromática, sino en algo mucho más difícil de encapsular en un laboratorio: la experiencia completa de sentirnos, aunque solo sea por un instante, dentro de la naturaleza.▪️(25-mayo-2026)
NEUROCIENCIA Y CINCO SENTIDOS
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Olor a bosque y Aromaterapia
🌲 ¿El olor a pino mejora la memoria?
Según este estudio, no se encontraron mejoras significativas en memoria ni atención tras inhalar aromas de árboles.
🌲 ¿Qué es el shinrin-yoku?
Es una práctica japonesa conocida como baño de bosque, basada en pasar tiempo en entornos forestales para mejorar el bienestar físico y psicológico.
🌲 ¿Qué son los terpenos?
Son compuestos orgánicos volátiles presentes en muchas plantas y árboles. Son responsables de gran parte de los aromas forestales.
🌲 ¿Qué es la aromaterapia?
Es una práctica que utiliza aceites esenciales y aromas naturales de plantas con el objetivo de promover relajación, bienestar físico o equilibrio emocional mediante el olfato o la aplicación sobre la piel.
🌲 ¿Los aceites esenciales reducen el estrés?
Algunos estudios previos sugieren posibles efectos fisiológicos relajantes, pero la evidencia científica sigue siendo limitada y variable.
🌲 ¿Por qué los participantes no reconocieron el olor del bosque?
Muchos describieron los aromas como cítricos o similares a productos de limpieza, lo que sugiere que las asociaciones mentales influyen mucho en la percepción olfativa.
Fuente: Djo Juliette Fischer, Simone Kühn. Scent of trees: Investigating the short-term effects of two tree essential oils on mood, psychological stress, and cognition. Journal of Environmental Psychology (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2026.102962

