Ser optimista podría ayudar a proteger el cerebro frente a la demencia, según un estudio con más de 9.000 personas

La actitud con la que afrontamos el futuro podría influir mucho más de lo que imaginábamos en la salud del cerebro. Un ambicioso estudio con adultos mayores revela que las personas más optimistas presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Las personas con mayores niveles de optimismo presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia, lo que refuerza la idea de que la actitud psicológica a lo largo de la vida también puede influir en la salud del cerebro.

Una nueva investigación revela que las personas con mayores niveles de optimismo presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia, lo que refuerza la idea de que la actitud psicológica a lo largo de la vida también puede influir en la salud del cerebro. Foto: Nathan Dumlao

La investigación sobre la demencia ha puesto tradicionalmente el foco en los genes de riesgo, las proteínas tóxicas, la inflamación cerebral o los hábitos de vida, como es el caso de la alimentación y el ejercicio. Sin embargo, en los últimos años ha ido ganando fuerza una idea que antes apenas despertaba interés entre los científicos: que la manera en que afrontamos la vida también podría influir en la salud del cerebro.

Ahora, un amplio estudio realizado por investigadores de la Facultad de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard y otras instituciones estadounidenses aporta nuevas pruebas en esa dirección. Tras seguir durante catorce años a más de 9.000 adultos mayores, los científicos han observado que las personas con mayores niveles de optimismo desarrollan demencia con menor frecuencia que aquellas con una visión más pesimista del futuro.

La investigación, publicada en la revista Journal of the American Geriatrics Society, no demuestra que el optimismo impida la aparición de la enfermedad, pero sí identifica una asociación sólida que se mantiene incluso después de considerar numerosos factores que podrían explicar el resultado, como la edad, el sexo, el nivel educativo, la depresión, las enfermedades crónicas, el tabaquismo o la actividad física.

Cómo se realizó el estudio

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores recurrieron a los datos del Health and Retirement Study, uno de los mayores estudios longitudinales sobre envejecimiento realizados en Estados Unidos.

El análisis incluyó a 9.071 hombres y mujeres mayores de setenta años que no presentaban demencia al inicio del seguimiento. Todos ellos respondieron previamente a un cuestionario ampliamente validado que evalúa el grado de optimismo, conocido como Life Orientation Test-Revised, mientras que su función cognitiva fue monitorizada de manera periódica entre los años 2006 y 2020 mediante herramientas específicamente diseñadas para detectar la aparición de demencia en distintos grupos raciales y étnicos.

Durante esos años de seguimiento, 3.027 participantes desarrollaron demencia. Al comparar los resultados, apareció un patrón muy claro: cuanto mayor era el nivel inicial de optimismo, menor era la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

Qué descubrieron los investigadores: un 15 % menos de riesgo

Los investigadores, encabezados por Säde Stenlund, una doctora finlandesa especializada en planificación y gestión de la atención sanitaria, comprobaron que cuanto mayor era el nivel de optimismo de una persona, menor era su riesgo de desarrollar demencia. En concreto, observaron que cada aumento significativo en la puntuación de optimismo se asociaba con una reducción del 15 % del riesgo de padecer la enfermedad.

🗣️ «Nuestros resultados muestran que las personas con mayores niveles de optimismo presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia, incluso después de tener en cuenta factores como la edad, la depresión, las enfermedades crónicas o el nivel educativo», explica Stenlund, a partir de las conclusiones del estudio.

La relación, además, parecía seguir una especie de gradiente: quienes se situaban en el cuartil más alto de optimismo presentaban el menor riesgo, mientras que el riesgo aumentaba progresivamente conforme disminuía el nivel de ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Es decir, no se trataba simplemente de distinguir entre personas optimistas y pesimistas, sino que el beneficio parecía crecer de manera gradual.

Los investigadores siguieron durante catorce años a 9.071 personas mayores de setenta años y comprobaron que la asociación entre optimismo y menor riesgo de demencia se mantenía incluso tras considerar factores como la edad.

Los investigadores siguieron durante catorce años a 9.071 personas mayores de setenta años y comproba que la asociación entre optimismo y menor riesgo de demencia se mantenía incluso tras considerar factores como la edad, la depresión o la actividad física. Foto de RDNE Stock project

Cómo comprobaron que los resultados fueran fiables

Uno de los principales problemas de este tipo de investigaciones consiste en determinar qué ocurre primero.

Es posible imaginar un escenario alternativo: que las personas que comienzan a desarrollar una demencia todavía imperceptible pierdan parte de su optimismo como consecuencia de los primeros cambios cerebrales. En ese caso, el pesimismo sería una consecuencia temprana de la enfermedad y no un factor relacionado con su aparición.

Los autores fueron plenamente conscientes de esta posibilidad y diseñaron varios análisis adicionales para comprobarlo.

En uno de ellos eliminaron del estudio a todas las personas que desarrollaron demencia durante los dos primeros años de seguimiento, precisamente para reducir el efecto de esa posible causalidad inversa. Sorprendentemente, los resultados apenas cambiaron. Tampoco variaron cuando excluyeron a los participantes con síntomas depresivos más intensos o cuando aplicaron diferentes métodos estadísticos para diagnosticar la demencia.

➡️ «El hecho de que la asociación se mantuviera tras todas estas pruebas de sensibilidad refuerza la idea de que el optimismo podría desempeñar un papel independiente en el envejecimiento cerebral», señalan los investigadores en la discusión del trabajo.

Por qué el optimismo podría proteger el cerebro

La gran incógnita es qué mecanismos podrían explicar esta relación.

Los propios autores reconocen que todavía no existe una respuesta definitiva, pero plantean varias hipótesis compatibles entre sí.

Una posibilidad es que el optimismo ejerza efectos biológicos directos. Investigaciones anteriores han mostrado que las personas optimistas suelen presentar una respuesta del sistema inmunitario más eficiente y mayores concentraciones de antioxidantes en sangre. Ambos factores podrían ayudar a reducir procesos de inflamación cerebral que hoy se consideran importantes en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.

Otra explicación apunta hacia los hábitos de vida cotidianos.

Las personas optimistas suelen practicar más ejercicio físico, fuman menos y mantienen con mayor frecuencia redes sociales estables. También acostumbran a afrontar el estrés de forma más adaptativa y a desarrollar redes de apoyo más sólidas. Todos estos factores llevan años relacionándose con un envejecimiento cerebral más saludable.

Curiosamente, incluso después de corregir estadísticamente el efecto del ejercicio y del tabaquismo, la asociación entre optimismo y menor riesgo de demencia seguía siendo prácticamente la misma. Eso sugiere que probablemente intervengan otros mecanismos biológicos y factores psicológicos todavía poco conocidos.

Los autores subrayan que el optimismo no es una cura contra la demencia, pero podría convertirse en un nuevo objetivo de prevención si futuros ensayos clínicos confirman que puede fortalecer la resiliencia cerebral y ayudar a preservar la función cognitiva. Foto de MART PRODUCTION 

¿Es posible aprender a ser más optimista?

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que el optimismo no se considera una característica completamente fija de la personalidad.

Aunque existe una cierta influencia genética, numerosos trabajos anteriores han demostrado que puede fortalecerse mediante intervenciones psicológicas específicas.

➡️ «El optimismo no debe entenderse como una receta milagrosa contra la demencia, pero sí como un recurso psicológico que podría formar parte de un envejecimiento saludable y que merece seguir investigándose como posible objetivo de futuras estrategias de prevención de la demencia», concluyen los autores.

En otras palabras, cultivar una visión más positiva del futuro podría no ser únicamente una cuestión de bienestar emocional. También podría convertirse, algún día, en una herramienta complementaria para preservar la salud cerebral.

Mucha prudencia antes de sacar conclusiones

Los propios investigadores insisten, sin embargo, en que sus resultados deben interpretarse con cautela.

Se trata de un estudio observacional. Eso significa que detecta una relación estadística entre dos variables, pero no puede demostrar que una sea la causa directa de la otra. Siempre es posible que existan otros factores de riesgo no medidos que expliquen parte de la asociación.

Además, aunque el seguimiento fue muy largo y el análisis extremadamente completo, no puede descartarse por completo que algunos participantes ya estuvieran experimentando cambios cerebrales muy precoces antes de que comenzara el estudio.

Por eso, los autores consideran que el siguiente paso debería consistir en realizar ensayos clínicos que evalúen si programas destinados a aumentar el optimismo consiguen realmente preservar durante más tiempo la función cognitiva.

Una mayor resiliencia cerebral

Mientras tanto, este trabajo añade una nueva pieza al complejo rompecabezas de la demencia. Si durante años se ha insistido en la importancia del ejercicio físico, la dieta mediterránea, el control de la hipertensión o la estimulación intelectual, ahora emerge un nuevo candidato inesperado: la manera en que imaginamos nuestro propio futuro.

No se trata de pensar que basta con ver el vaso medio lleno para mantener alejada la demencia. Pero cada vez existen más indicios de que una actitud optimista podría formar parte del conjunto de factores que ayudan al cerebro a envejecer con mayor resiliencia cerebral, esto es, la capacidad del cerebro para resistir el daño, adaptarse a los cambios y mantener sus funciones cognitivas a pesar del envejecimiento o de enfermedades como la demencia.

Y, en una enfermedad para la que aún no existe una cura definitiva y que afecta a más de 57 millones de personas en todo el mundo, cualquier pista que permita retrasar su aparición merece toda la atención de la ciencia.▪️(20-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un estudio analizó a 9.071 personas mayores de 70 años durante 14 años.
  • Los participantes con mayor optimismo presentaron un 15 % menos de riesgo de desarrollar demencia.
  • La relación se mantuvo tras ajustar factores como edad, depresión, enfermedades crónicas o actividad física.
  • El trabajo es observacional, por lo que no demuestra causalidad.
  • Los investigadores creen que el optimismo podría convertirse en un nuevo objetivo para prevenir el deterioro cognitivo.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Demencia y Optimismo

🤗 ¿Ser optimista evita la demencia?

No. El estudio no demuestra que el optimismo impida desarrollar demencia. Lo que encontró es una asociación estadística entre mayores niveles de optimismo y un menor riesgo de padecer la enfermedad.

🤗 ¿Cuánto se reduce el riesgo?

Los investigadores observaron una reducción aproximada del 15 % por cada incremento de una desviación estándar en la puntuación de optimismo.

🤗 ¿Por qué podría existir esta relación?

Los científicos plantean varias hipótesis:

  • menor inflamación

  • mejor respuesta inmunitaria

  • estilos de vida más saludables

  • mejor manejo del estrés

  • mayor interacción social

🤗 ¿Puede entrenarse el optimismo?

Sí. Diversos estudios psicológicos indican que determinadas intervenciones pueden ayudar a desarrollar una actitud más optimista, aunque todavía no se sabe si eso reduce el riesgo de demencia.

  • Fuente: Säde Stenlund, Hayami K. Koga, Peter James, Justin Farmer, Colleen B. McGrath, Francine Grodstein, Laura D. Kubzansky. The Bright Side of Life: Optimism and Risk of Dementia. Journal of the American Geriatrics Society (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/jgs.70392

Anterior
Anterior

Un estudio relaciona ver mucha televisión con un menor volumen cerebral y un mayor riesgo de deterioro cognitivo

Siguiente
Siguiente

La ciencia explica por qué ver juntos un partido del Mundial nos une mucho más de lo que imaginábamos